Pasar por la Nevería Roxy Condesa sobre la Avenida Mazatlán, era ser atendido por un personaje de estampa enjuta, cabellos de plata y sonrisa cálida. Don Carlos Gallardo Rubio, o Chale como le decían mi abuelo, mis tíos y sus amigos más cercanos, era una figura permanente en la nevería, casi como ese color verde pistache que siempre ha cubierto sus muros. Su trato amable, de esos caballeros de antaño, y su carácter bonachón y generoso, hicieron que mi Padre fuera una de esas personas muy conocidas y queridas, tanto por sus empleados, como por la gran mayoría de los clientes que visitaban el negocio.
Todo un “dandy” desde joven, siempre con esa vestimenta impecable, nunca fue un aventurero. Su enfermo corazón, afectado por una fiebre reumática cuando joven, le impedía hacer muchas cosas y en varias ocasiones lo puso al borde de la muerte. A pesar de ello, siempre fue quien organizara las mejores reuniones, el alma de las fiestas a las que asistía.

Tal vez podría decir que hicieron falta más abrazos y cariños de su parte, seguramente influenciado por esa estricta educación que recibiera de mis abuelos a quienes recuerdo les hablaba de “usted”. Tan solo una mirada suya era suficiente para dejar de hacer travesuras y comportarse “como la gente decente”, como él decía. Sin embargo, ese inmenso amor que nos tuvo, tanto a sus padres por quienes siempre veló, como para sus hijos, lo demostró de muchas otras formas: ofreciéndonos la mejor educación y exigiéndonos buenas notas, estando siempre al pendiente de nosotros cuando salíamos de fiesta, llevándonos de vacaciones cuando se podía, o simplemente ayudándonos a resolver esos problemas que tanto nos agobiaban. En realidad, nunca nos faltó una palabra de aliento o un consejo a tiempo. “Un buen tipo” en toda la expresión quien, a pesar de sus múltiples defectos, jamás se permitió nos faltara algo. Fue el mejor padre y abuelo cuando la vida le premió con sus primeros nietos a los que consintió a sus anchas avalado por ese permiso no escrito que sólo el tiempo y la edad pueden otorgar.

La muerte le visitaría de manera sorpresiva a tan sólo unos días de cumplir los 53 años. Irónicamente, tras toda una vida de sufrir del corazón, una úlcera sería quien le arrancara su último aliento. Hoy, a más de 30 años de su partida, las huellas de su paso por la Nevería Roxy Condesa prácticamente han desaparecido. A pesar de ello aún puedo verle detrás de la barra atendiendo a sus clientes y amigos, y llevo grabados en el alma y el recuerdo sus palabras, sus consejos, sus refranes, miles de momentos y anécdotas maravillosas, el incesante “click-click” de la válvula artificial en su corazón y hasta el olor de su loción favorita “English Leather”.
Con casi la misma edad que él tuviera cuando murió, y siendo su viva imagen según dicen las malas lenguas, agradezco al Señor por haberme prestado al mejor padre durante mis primeros 18 años de vida. Aunque su ausencia me condena a vivir por siempre con el alma partida y un hueco en el corazón, me quedo con lo mejor de su ejemplo y de sus enseñanzas, con la esperanza de poder transmitirlos a quienes vienen detrás de mi.

Descansa en paz, viejo lindo. Que la muerte que hoy nos separa mañana volverá a unirnos.
¿Conoces la Nevería Rosy Condesa? ¿Tuviste el gusto de conocer a los fundadores, los sres. Carlos Gallardo Escoto o su esposa doña María Luisa Rubio de Gallardo? ¿Te tocó convivir con don Carlos Gallardo Rubio “Chale”? ¡Por favor cuéntanos tus anécdotas usando el formulario de abajo! Y si quieres saber más sonbre otras interesantes opiniones de temas diversos dando click aquí.
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