La Nevería Roxy nunca fue solamente una simple nevería de la Ciudad de México. Para quienes crecimos alrededor de ella, fue una extensión de la familia, una forma de entender el trabajo, la disciplina y hasta la lealtad. Durante décadas, generaciones enteras hicieron fila en la colonia Condesa para probar sus nieves artesanales, sus malteadas y esa famosa nieve de limón blanca que, contrario a lo que hoy dictan los colorantes artificiales, conservaba el color natural del limón verdadero.
Pero detrás de cada vaso servido y cada nieve preparada existía algo mucho más profundo: la obsesión de una familia por proteger un legado.
La historia oficial puede leerse en su página web oficial. Sin embargo, hay historias que sólo sobreviven en la memoria de quienes crecimos escuchándolas alrededor de una mesa familiar.
El origen de Nevería Roxy y la nieve blanca de limón
Mi abuelo, Don Carlos Gallardo Rubio, nació en San Juan de los Lagos y creció en La Barca, Jalisco, dentro de una familia humilde. Ahí conoció una nieve de limón muy distinta a las actuales: una nieve blanca, sencilla y natural, preparada cuando todavía no existía la necesidad de pintar de verde aquello que la naturaleza nunca hizo verde.
Con el tiempo, y después de trabajar en la industria cinematográfica, abrió una fuente de sodas dentro del Cine Roxy de Guadalajara. Aquel lugar no vendía únicamente nieves y helados. También ofrecía comida, malteadas y platillos preparados por mi abuela, María Luisa Rubio de Gallardo, quien incluso redactaba pequeños cuadernos con recetas e instrucciones precisas sobre cómo montar las mesas y servir cada platillo.
Años después, la fuente de sodas se trasladó a la colonia Condesa en la Ciudad de México. Poco a poco desaparecieron los alimentos y permanecieron únicamente las nieves y helados artesanales que terminarían convirtiéndose en un clásico de la capital mexicana.
Lo que muchos no saben es que la Nevería Roxy jamás fue concebida como una empresa moderna. Era un negocio profundamente familiar, casi patriarcal. Mi abuelo tomaba las decisiones y nadie las cuestionaba. Mis tíos y mi padre le hablaban siempre de usted. Había respeto, admiración y, muchas veces, una obediencia absoluta.
Y entre todas sus reglas existía una que jamás admitía discusión: la nevería debía permanecer en la familia.
Una empresa familiar construida alrededor de la disciplina y la tradición
Mis abuelos jamás aceptaron franquicias. Nunca quisieron socios externos. Tampoco permitieron que la nevería siguiera tendencias pasajeras ni sabores extravagantes. Durante años rechazaron propuestas para modernizar el concepto, introducir paletas heladas o convertir el negocio en una cadena comercial.
Hoy podría parecer una visión cerrada. Quizá lo era. Pero también era una filosofía profundamente coherente.
Para ellos, la Nevería Roxy no era únicamente una marca: era una extensión de su vida.
En las grandes celebraciones familiares mandaban preparar una nieve especial de Tutti Frutti con pasas, nuez molida, acitrón, piñones y cerezas. Aquellas nieves no aparecían en ningún menú. Eran parte de los rituales íntimos de la familia Gallardo.
Incluso los empleados se convertían en parte del hogar. Algunos trabajaron ahí durante más de cincuenta años, entrenados personalmente por mis abuelos y por mi padre, aprendiendo recetas y procedimientos que nunca fueron escritos formalmente.
En tiempos donde casi todo termina convertido en franquicia, la Nevería Roxy sobrevivió durante décadas como una rara excepción mexicana: un negocio artesanal defendido ferozmente por una familia.
El hombre de las nieves y los guardianes del legado
Durante muchos años, quien tomó las riendas del negocio fue mi padre, Carlos Gallardo Jr.. Para quienes quieran entender la relación casi inseparable entre él y la nevería, hace tiempo escribí un texto titulado El Hombre de las Nieves.
Mi padre murió en 1989. Un año después falleció mi abuelo. Y con ello comenzó otra etapa para la familia y para la nevería.
Mi tío Luis Gallardo asumió entonces el control absoluto del negocio. Era un hombre duro, obsesionado con las cuentas, los controles y la administración. Muchos no entendieron en su momento las medidas estrictas que implementó para reducir pérdidas y ordenar la operación. Con el tiempo quedó claro que tenía razón.
Gracias a esa disciplina, la Nevería Roxy sobrevivió.
Con los años, además, mi tío se convirtió en el último gran guardián del legado familiar. Podía tener diferencias con todos, pero había algo que jamás habría permitido: vender la nevería.
Estoy completamente seguro de ello.
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La Neveria Roxy sigue dirigida por la 4ta generación de los fundadores. El bisnieto de don Carlos Gallardo y doña Maria Luisa Rubio, Luis Gallardo Echeverria, es el director general de la empresa, y sus hermanos se mantienen como socios.
La filosofía original de don Carlos y doña Maria Luisa se mantiene.
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Este año Neveria Roxy cumple 80 años. La tradicion continua.