Cada 27 de octubre, las redes sociales se llenan de fotografías de perros y gatos que ya no están, acompañadas de altares con flores de cempasúchil, fotografías, juguetes y recipientes con agua o alimento. La explicación se repite de una publicación a otra: es el día en que las mascotas fallecidas regresan a casa para reunirse simbólicamente con las familias que las recuerdan.

La costumbre ha ganado visibilidad en México y se ha incorporado a las celebraciones previas al Día de Muertos. Sin embargo, detrás de esta fecha hay una pregunta que merece una investigación más profunda: ¿se trata de una tradición heredada de las culturas prehispánicas o de una práctica contemporánea inspirada en creencias mucho más antiguas?

La respuesta tiene dos partes. La relación entre los perros y el mundo de los muertos sí cuenta con antecedentes en la cosmovisión mesoamericana. El 27 de octubre, en cambio, es una fecha de difusión reciente, vinculada a una iniciativa que comenzó a circular en 2019. Distinguir ambas historias permite comprender cómo una costumbre moderna puede encontrar significado en el patrimonio cultural de México sin haber existido necesariamente en la Antigüedad.

El perro que acompañaba a las almas al Mictlán

Mucho antes de que las ofrendas para mascotas aparecieran en las redes sociales, los perros ya ocupaban un lugar significativo en las concepciones mesoamericanas sobre la muerte. Para los mexicas, morir no implicaba simplemente desaparecer: determinados difuntos debían emprender un recorrido por el Mictlán, el inframundo, hasta alcanzar su destino final.

En ese viaje aparecía un acompañante especial. Según una leyenda recogida en las fuentes históricas y explicada por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, el difunto debía cruzar el río Chiconahuapan con la ayuda de un perro. El relato distingue a los animales por su color y atribuye al de pelaje bermejo la disposición para auxiliar al alma durante el cruce.

La historia está vinculada con el xoloitzcuintle, una raza originaria de México que se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la relación entre los perros y la muerte. Su presencia en el imaginario mexicano no es una invención reciente: existen representaciones y hallazgos arqueológicos que permiten estudiar el papel de los perros en las prácticas funerarias de distintas épocas.

La UNAM explica estos antecedentes en su artículo La antigua leyenda del xoloitzcuintle, que recoge las aportaciones de Raúl Valadez Azúa, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas. La publicación también ayuda a comprender que el vínculo entre los perros y el inframundo formaba parte de una concepción más amplia sobre la relación entre la vida, la muerte y la renovación de la naturaleza.

Hay, sin embargo, una diferencia fundamental: en esta narración, el perro ayuda al difunto a continuar su tránsito hacia el más allá. No se describe una visita anual del animal a la casa donde vivió ni se establece una fecha equivalente al 27 de octubre.

Lo que la arqueología revela sobre los perros y la muerte

La importancia ritual de los perros en el México antiguo tampoco depende exclusivamente de una leyenda. Las investigaciones arqueozoológicas han identificado restos de canes asociados con contextos funerarios y espacios considerados sagrados. Estos hallazgos muestran que los animales podían tener funciones simbólicas que iban más allá de su convivencia cotidiana con las personas.

En un artículo de la Gaceta UNAM sobre el xoloitzcuintle como compañero de vida y muerte, Valadez Azúa explica que los perros aparecen vinculados a contextos funerarios desde épocas antiguas. Sus investigaciones también permiten matizar una idea muy difundida: aunque hoy suele atribuirse al xoloitzcuintle todo el protagonismo, las prácticas funerarias no se limitaban necesariamente a una sola raza.

Las costumbres variaban según la cultura y el periodo histórico. Las evidencias del occidente de México, del área maya y de otros territorios mesoamericanos no deben interpretarse como manifestaciones de una única tradición uniforme.

Este contexto es importante para entender el origen de las ofrendas contemporáneas. El vínculo entre perros y muerte tiene antecedentes históricos reales, pero esos antecedentes no prueban que los antiguos habitantes de México celebraran el regreso anual de sus mascotas a los hogares.

Una cosa es reconocer la antigüedad de un símbolo y otra, muy distinta, atribuirle una práctica específica que no está documentada.

¿Quién propuso que el 27 de octubre fuera el día de las mascotas?

La historia de la fecha actual conduce a un periodo mucho más cercano: 2019. De acuerdo con reportes publicados por medios mexicanos, ese año una empresa de servicios funerarios para animales, Funeral Pet, propuso dedicar el 27 de octubre a recordar a las mascotas fallecidas, antes de las fechas centrales del Día de Muertos.

La iniciativa ofrecía un espacio específico para una forma de duelo que muchas familias ya experimentaban, aunque no necesariamente dentro de un calendario compartido. Con el tiempo, la fecha comenzó a aparecer en notas periodísticas, publicaciones digitales y fotografías de altares dedicados a perros, gatos y otros animales de compañía.

El reportaje de Infobae sobre el origen de la ofrenda de Día de Muertos para mascotas recoge el antecedente de 2019 y señala que no existe una fecha oficial establecida para esta conmemoración. A su vez, La Jornada documentó en octubre de 2025 cómo la práctica se ha incorporado a los homenajes contemporáneos a los animales fallecidos.

Conviene precisar el alcance de esta información. Los reportes permiten identificar el origen de la propuesta moderna, pero no demuestran que Funeral Pet haya sido la primera organización o familia en México que preparó una ofrenda para una mascota. Tampoco permiten establecer con exactitud cuándo comenzó cada familia a adoptar la fecha.

Lo que sí puede sostenerse es que el 27 de octubre se difundió como una jornada específica a partir de una iniciativa contemporánea, no como una fecha prehispánica documentada.

visiones México

Una tradición reciente que encontró un lugar en el calendario mexicano

La expansión de esta costumbre coincide con una transformación visible en la manera en que muchas personas se relacionan con sus animales de compañía. Para numerosas familias, los perros y gatos forman parte de la vida cotidiana y de sus vínculos afectivos más importantes. Su muerte puede producir un duelo profundo y una necesidad de conservar recuerdos, objetos y rituales de despedida.

El término «perrhijo», cada vez más presente en la conversación pública, refleja parte de ese cambio cultural, aunque no describe a todas las familias ni permite explicar por sí solo el origen de la fecha. Tampoco hay evidencia suficiente para afirmar que el 27 de octubre surgiera porque las personas prefieren tener mascotas en lugar de hijos. Esa conclusión exigiría investigaciones demográficas y sociales específicas, no solo observar la popularidad de las ofrendas.

Lo que sí puede apreciarse es que la costumbre responde a una necesidad concreta: ofrecer un espacio de memoria a animales que muchas personas consideran parte de su familia. Las fotografías, los collares, los juguetes y los alimentos favoritos que aparecen en los altares convierten esa memoria en un gesto visible.

La fecha también muestra cómo las tradiciones se transforman. El Día de Muertos actual reúne prácticas indígenas, influencias católicas, costumbres locales y formas contemporáneas de celebración. Sus manifestaciones no son idénticas en todo el país y tampoco han permanecido inmóviles a lo largo de los siglos.

Quien quiera profundizar en esa diversidad puede leer nuestro reportaje sobre la comida de la ofrenda de Día de Muertos y las costumbres que cambian de una comunidad a otra. La variedad de alimentos, objetos y significados demuestra que las ofrendas son una expresión cultural viva, construida también desde la memoria de cada familia.

¿Es una tradición falsa porque no es ancestral?

La pregunta parte de una falsa disyuntiva. Una costumbre no necesita tener varios siglos de antigüedad para adquirir significado cultural. Lo importante es distinguir su historia documentada de las interpretaciones que se le atribuyen.

El 27 de octubre puede ser una fecha contemporánea y, al mismo tiempo, representar un momento genuino de recuerdo para quienes preparan un altar. Que no exista evidencia de un calendario prehispánico dedicado al regreso de las mascotas no invalida el afecto ni el valor personal de ese ritual.

Lo que conviene evitar es presentar la fecha como una práctica heredada directamente de los mexicas. Las fuentes disponibles respaldan la relación histórica entre los perros y el tránsito al inframundo, pero no permiten establecer una continuidad directa entre esa creencia y la celebración moderna del 27 de octubre.

La diferencia no resta valor a la costumbre. Al contrario, permite observar cómo las personas reinterpretan símbolos antiguos para responder a necesidades actuales. Una tradición puede cambiar de forma, incorporar nuevos participantes y adquirir significados que sus antepasados no conocieron.

Del Mictlán al hogar: dos historias que hoy se encuentran

Cuando una familia coloca la fotografía de un perro junto a las flores de cempasúchil, está participando en una práctica contemporánea que dialoga con una historia cultural mucho más amplia. El xoloitzcuintle, las antiguas concepciones del inframundo y las evidencias arqueológicas ofrecen un contexto para comprender por qué el perro ocupa un lugar tan reconocible en las representaciones mexicanas de la muerte.

Pero la ofrenda del 27 de octubre tiene también su propia historia: la de una fecha propuesta en tiempos recientes, difundida por medios y redes sociales y adoptada por familias que encontraron en ella una forma de recordar a sus animales.

No hace falta confundir ambas historias para reconocer su relación. La primera aporta antecedentes simbólicos; la segunda expresa una sensibilidad contemporánea.

México ha demostrado durante generaciones que sus tradiciones no son piezas inmóviles. Se transmiten, cambian y se reinterpretan a medida que las comunidades encuentran nuevas formas de expresar sus creencias y afectos. La celebración dedicada a las mascotas es un ejemplo de ese proceso.

Para seguir explorando cómo cambia nuestra relación con los animales y los lugares que visitamos, puedes descubrir nuestro artículo sobre turismo pet friendly en México. Y si te interesa conocer de cerca el patrimonio arqueológico que ayuda a contextualizar estas creencias, el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México ofrece una oportunidad excepcional para acercarse a la diversidad de las culturas que han dado forma al país.

La próxima vez que veas una ofrenda para mascotas el 27 de octubre, vale la pena recordar las dos dimensiones de esta historia. La relación entre los perros y la muerte tiene raíces antiguas; la fecha que hoy reúne a tantas familias es una incorporación moderna. Entre ambas existe un vínculo cultural que merece ser contado con rigor, sin restarle valor a una costumbre que para muchas personas tiene un significado profundamente personal.

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